Con “ La Simiente ”, su autora, la talentosa escultora Cristina Velo, trabajando con empeño y con parejo amor al cemento (que ella maneja y moldea con facilidad, y según los dictados de su fértil imaginación) entrega un emblema simbólico, tal vez aumentado con respecto a sus dimensiones que, en determinado momento, sobrevendrá transformando esa simiente en un vegetal, que a la vez, y también llegado el momento propicio, será otra fuente de vida.

La apertura entre las dos mitades de la escultura ha de aludir, probablemente, al nacimiento que, en todas las semillas, da origen a esas nuevas formas de vida, tras una rápida mutación de sus elementos constitutivos, y teniendo en cuenta, como objetivo de futuro, la flor y el fruto que has de coronar la empresa, y a través de los cuales la multiplicación pasará a de la teoría a la realidad.

Entonces la escultora Cristina Velo asume los caracteres de un símbolo: el de la prolongación de la vida, transmitida por medio de una intacta simiente, con toda su carga de esperanza, su confianza en un futuro que también alentador y la seguridad de que, pese a las desgracias que desconsuelan a la tierra, la multiplicación bíblica a de continuar su ciclo a través de los siglos.

Y es gracias a ese símbolo que la artista ha modelado de manera tan convincente, que la existencia sigue encontrando, buceando en el pasado y también dentro de su enigmático interior-o sea dentro de sí-las razones y las causas para una continuidad que no se quiebra, y que avanza, hacia un futuro que sea a la vez premio sublime y galardón supremo.

                                                                                                César Magrini
                                                           Publicado en el libro “Argentina en el Arte"
                                                                                     Ediciones Institucionales

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