La madera siempre fue la materia prima predispuesta para ser diseñada a partir de su forma de árbol. Desde las primeras utilizaciones como estacas o parantes para las primitivas carpas de cueros de los hombres del paleolítico, pasando por las construcciones babilónicas, lujosos templos medievales o barcos del siglo XV, hasta llegar a nuestros días de pisos entarugados o modernísimas “boiseries” de departamentos del piso ciento ocho, siempre la madera fue el material indispensable para el vivir diario.

Cuánto más para el escultor que, arrancando se su forma natural, ve en ella un sinnúmero de posibilidades creativas, desde la más obsesiva figuración naturalista hasta la más libre abstracción lírica o geométrica, que permite ver en su veta la vida misma, en la que un día se poso esa pareja de gorriones para hacer el amor.

Cristina Velo es de esos artistas que como los luthiers, arrancan esa música que nos transmite ese maravillo material.

Sus totémicas esculturas, si bien conservan la verticalidad, se transmutan en una geometría de cálida ductilidad, donde las aristas de perfiles rectos se contraponen con las mórbidas curvas que cómo enredaderas crecen a su vera.

Este juego coloquial de formas que emergen en el espacio de la misma manera que un retoño del cedro, algarrobo o palo santo, son el fruto de una conciente y tozuda experiencia, donde la práctica diaria de una técnica responsable se enriquece permanentemente con el estilo propio de una avasallante imaginación.

Trabajo mas creatividad es en síntesis Cristina Velo.


                                                                                               Prof. César Ariel Fioravanti

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